domingo 1 de enero de 2012

Feliz 2012

Que estos tiempos que atravesamos nos sirvan para descubrir nuevas fortalezas, para valorar lo que -y a quien- tenemos y para aprender a fabricar ilusiones.

FELIZ 2012!!!

sábado 16 de julio de 2011

La separación

El fin del matrimonio no sólo provoca un intenso sentimiento de pérdida del ex cónyuge, sino también del matrimonio en sí mismo, de la identidad y de la posición social que proporciona el hecho de estar casado.

Los hombres y mujeres de 40 y 50 años que se separan después de más de 20 años de matrimonio, pierden mucho cuando cesa su unión. Las mujeres pueden sufrir más que los hombres; muchas de ellas siguen considerando el matrimonio como una carrera y por ello un divorcio pasados los 40 puede resultar algo problemático.

La sensación de fracaso que prevalece en los primeros tiempos posteriores a la ruptura suele reducir la confianza en uno mismo a la hora de entablar y mantener relaciones. Es habitual que, en las últimas etapas de un matrimonio fracasado, ambos cónyuges empiecen a hablar con franqueza, recordando antiguas heridas y malentendidos y sacando a colación los aspectos de su pareja que jamás le gustaron. La historia se reescribe de una forma tal que parece que ambos han sido muy infelices desde mucho tiempo atrás, a veces, desde el principio. La confusión aumenta y ninguno de los dos sabe cómo interpretar los acontecimientos pasados o evaluar su propia conducta. En tales circunstancias, les asustará la probabilidad de un nuevo compromiso y, al menos en esta etapa, es poco probable que deseen volverse a casar. Recuperada su libertad, buscarán inicialmente fuentes de diversión que hacía tiempo que no disfrutaban.

Es importante para los que se hallan inmersos en una separación encontrar a alguien con quien puedan hablar abiertamente. Es más fácil dar sentido a lo que ha ocurrido cuando podemos explicarlo con franqueza, sin avergonzarse de los fuertes sentimientos que surgieron durante los acontecimientos descritos.

En general, cuando hemos llegado a un equilibrio con el dolor y hemos hallado una explicación satisfactoria de lo ocurrido, podemos enterrar el pasado y empezar a construir lo nuevo. Esta forma de compartir también nos ayuda a prepararnos para una discusión más formal de nuestros sentimientos, circunstancias y problemas, lo que será necesario al buscar ayuda y consejo profesional. 

Extraido de: 
El divorcio, los hijos y usted. Para una ruptura equilibrada.
Jacqueline Burgoyne

domingo 5 de junio de 2011

El paquete de galletas

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. Buscó un banco en él anden central y se sentó preparada para la espera.
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó como aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.
La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer de cuenta que nada había pasado; así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta.
La señora cada vez mas irritada, y el muchacho cada vez más sonriente.
Finalmente, la señora se dio cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta.
- "No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.
- ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad.
- "De nada" - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida...
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: "¡Qué insolente, que mal educado, que ser de nuestro mundo!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas INTACTO.

Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente, pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera.