miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un año más, Feliz Año Nuevo

Se vuela, de entre las manos, esta vida que nos queda;
¡Cómo se escapan los años!
¡Con
qué premura se van
y solos, frente al espejo,
vemos el rostro de siempre,

pero, el alma está más vieja,

cansada de tanto andar...!

Es que se van, de las manos,
los días, tan velozme
nte...
que quizá, ni los sentimos
y corremos a la par;
sin ver, que así de ligeros
se nos van yendo los años
entre apuros y zozobras
sin poderlos disfrutar.


Por eso, este Año Nuevo cambiaremos nuestro ritmo.
Si las penas nos empujan...
las dejaremos atrás;
y andaremos por las calles,
con una eterna sonrisa,

la sonrisa de la dicha...
la sonrisa de la paz.


¡Brindemos por este año!


¿Si fue malo?... ¡ya termina!...

Por el año que se inicia

brindaremos a embriagar.

¿Quién nos quita lo vivido?

Por eso... ¡Nada de penas!

¡Adelante con la vida!...
Que la vida se nos va...

Cristina de Fercey

domingo, 12 de septiembre de 2010

Buscando nuestras fortalezas

El siguiente caso nos demuestra cómo a partir de una situación de gran sufrimiento y cuando la desesperación se hace más evidente, podemos encontrar nuestras propias fortalezas. Son ellas las que nos ayudarán a mejorar nuestro bienestar, siempre y cuando aprendamos a darles el lugar privilegiado que se merecen y a valorarlas lo suficiente.

El siguiente diálogo tuvo lugar una tarde del mes de noviembre de no sé qué año; en él participan el Dr. Frankl y un paciente suyo, un hombre de mediana edad.

Doctor: Cuénteme, señor, lo que le trae a verme.

Paciente: Que no puedo más, doctor Frankl; creo que no puedo soportar más dolor.

D: ¿Dolor? ¿Qué dolor?

P: El que siento aquí, y aquí. (El hombre se señaló el pecho y la cabeza).

D: Entonces debo entender que siente usted un extraordinario dolor en esas dos partes de su cuerpo, ¿no es así? (preguntó el doctor con una media sonrisa).

P: ¡No, no es así! (gritó el hombre; sus manos temblaban mientras las movía desde la mesa a las rodillas; sus ojos se volvieron redondos y duros). ¡Usted sabe que no es así! (volvió a afirmar en un tono de voz acusador y desesperado; seguidamente comenzó a llorar y, en segundos, el llanto se convirtió en su única expresión. El doctor lo miraba en actitud tolerante y escrutadora. El hombre, al cabo, logró sacar unas palabras: Discúlpeme, doctor, por hablarle en ese tono, pero…

D: Pero… no puede más.

P: Ya se lo he dicho: no, puedo más; ya llegué al límite del sufrimiento, y…

D: El sufrimiento, sí señor, es lo que se le hace insoportable, y no el dolor. Usted siente que su vida ya no tiene retorno a ese lugar en donde podía disfrutar de la serenidad, el consuelo, la esperanza, la ilusión… (El hombre rompió de nuevo en un llanto auténtico, demoledor, sonoro. El doctor lo observaba a la vez que le concedía tiempo para que manifestara libremente sus sentimientos).

P: Sí, eso es justamente; no puedo resistir un futuro como ése.

D: Y ¿por qué no se suicida? (El hombre levantó sus ojos hacia la cara del doctor, como buscando una clave que, por fuerza, debía existir: una explicación).

P: ¿Que por qué no me suicido?

D: Sí; ¿por qué?

P: ¿Cree usted que no lo he pensado?

D: Lo que yo pueda creer, ahora no tiene importancia. Quiero saber por qué no se ha suicidado ya, ante la perspectiva que, según usted, le aguarda en adelante.

P: (El hombre inclinó la cabeza y recapituló, mentalmente, las razones que, tantas veces, él se había dado para continuar viviendo). Dirigió su mirada hacia el doctor: Quiero seguir viendo la sonrisa de mi mujer, cómo crece mi hijo hasta superarme, quiero estar cuando mi sobrinillo sea capaz de decirme que me quiere,.. y muchas cosas más. (El hombre pronunció las últimas palabras entre sollozos, pero el doctor las entendió perfectamente).

D: ¿Cree usted que podrá hacerse cargo de lo que desea? (El hombre aún mantenía su mirada fija en la cara del doctor; las emociones anteriores parecieron desvanecerse, perder intensidad, a la vez que surgía en su interior un sentimiento nuevo; el hombre se esforzó en reconocerlo y, de inmediato, quiso ponerle nombre, asimilarlo, llevarlo hasta lo más profundo de sí; quería saber si le correspondía sentir aquello, si podía sentir esa cosa que, de momento y en aquel mismo lugar, transformó la expresión de su cara. El doctor pudo percibir una leve, arriesgada y audaz sonrisa en su paciente.

miércoles, 30 de junio de 2010

Vigo sin Mediación Intraxudicial ...¿de momento...?

No sé si por intereses o por desconocimiento de sus beneficios, el caso es que el servicio de mediación Intrajudicial no se instala en Vigo de momento.

Los juzgados de Familia se quedan sin el servicio de mediación familiar que se había comprometido para este año. ¿La razón? La Xunta de Galicia ha decidido no crearlo en la ciudad olívica, y ponerlo en marcha en A Coruña, tras el rechazo a esta iniciativa mostrado por el Colegio de Abogados de Vigo, que en un escrito remitido a la Dirección Xeral de Xustiza se mostró contrario a la entrada en funcionamiento del equipo de mediadores para los casos de separaciones y divorcios alegando varias razones, entre ellas la "poca convicción" del colectivo en la eficacia "práctica" de esta medida y el recorte de la retribución que inicialmente se había ofrecido para el letrado que, junto a un psicólogo, iba a integrar este servicio.
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domingo, 6 de junio de 2010

Conflictos

Los conflictos surgen constantemente a lo largo de la vida y su resolución, de una manera pacífica y tranquila, ayuda a madurar a las personas.

A menudo se confunden los términos “conflicto” y “problema” pero no tiene porque ser asi; de hecho los conflictos pueden ser positivos porque nos empujan a cambiar situaciones que no nos gustan. Establecer buenos canales de comunicación y llegar al consenso de determinadas normas impide que se produzca la disputa.

Pero ¿qué ocurre cuando ante un conflicto no se disponen o no se usan las herramientas y recursos adecuados?

Ante un conflicto no resuelto pueden aparecer elementos de desconfianza, orgullo, malos entendidos…que pueden dar lugar a una fase de “crisis” en la que se intenta dar solución al problema de una forma violenta.Y con ello, no sólo no arreglamos el problema sino que empeoramos la situación y posiblemente aparezcan efectos colaterales no deseados.

Sirva de ejemplo el siguiente video que nos muestra como a partir de un pequeño conflicto, se llega a una situación...


domingo, 2 de mayo de 2010

El cerebro de mamá

Este libro escrito por Katherine Ellison defiende la idea de que la maternidad nos hace más inteligentes.


El libro ofrece cinco interpretaciones diferentes de “inteligencia”: perspicacia, habilidad para combatir el estrés, motivación, eficiencia e inteligencia emocional. Todas son muy importantes para que una persona sobreviva y prospere en nuestra sociedad, y todas aumentan en mayor o menor medida con la maternidad. Cada capítulo es una descripción de estudios científicos, tanto en animales como en humanos, que demuestran cómo las hormonas influyen en las madres y, con la práctica repetida, éstas mejoran su inteligencia.

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